Inicio ¿Quiénes Somos? Revista El Faro Librería Foro Sucursales Contacto
  Crear una Cuenta    

Navegación

Principal
 Inicio
General
 Búsqueda
 Créditos
 Histórico de Revista
 Librería
 Recomiéndenos
 Revista El Faro
 Sucursales
 ¿Quienes Somos?
Comunidad
 Contacto
 El Faro en su e-mail
 Encuestas
Usuarios
Información
 Reseñas


Visitas Totales

Hemos recibido
1473475
visitas desde Julio 2005

Usuarios en Línea

Actualmente hay, 14 invitado(s) y 0 miembro(s) en línea.

Usted es un usuario Anónimo. Puede registrarse haciendo click aquí

  
Actualidad: Melinda Rankin. Precursora del protestantismo en México
Revista El Faro - 2009 - Sep-Oct
Enviado el Domingo, diciembre 06 @ 20:45:34 CST por publicacioneselfaro
 

Su caso es singular entre los misioneros que llegaron a México en el siglo XIX. Lo es porque como mujer fue prácticamente la única que se aventuró a traspasar ella sola la frontera para difundir un mensaje religioso distinto al del contexto dominante en el país, el católico romano.




Melinda Rankín trabaja dos décadas entre los mexicanos, y sus observaciones acerca del país en el que incursiona para expandir el cristianismo evangélico merecen figurar en los testimonios de extranjeros sobre las condiciones de la nación mexicana en una centuria, la del xix, en la que se fue construyendo el perfil de la nación independiente.

Si no se quiere darle importancia a su labor misionera, de todas maneras los historiadores decimonónicos dedicados a recoger cómo percibieron los extranjeros a México, deberían incluir la descripción de Rankin por los datos que aporta y el particular horizonte desde donde observa a la sociedad en que incursiona.1


La principal obra de Melinda Rankin, veinte años entre los mexicanos, data de 1875 y la traducción al castellano es publicada por la editorial presbiteriana El Faro en 1958. Cincuenta años después de haber sido traducido a nuestra lengua el libro, sale a la luz una mejor traducción2, realizada por David Toscana, con introducción y comentarios histórico críticos de Miguel Ángel González Quiroga (Universidad Autónoma de Nuevo León) y Timothy Paul Bowman (Southern Methodist University).


Por el lado de sus abuelos paternos Melinda Rankin tiene ascendencia escocesa.3 Del matrimonio formado por James Rankin y Margaret Wetherspoon nace David, quien contrae matrimonio con Persis Daniel en 1808. El 21 de marzo de 1811 nace Melinda, que se cría en Nueva Inglaterra. Educada con un fuerte sentido religioso evangélico, siente la necesidad de ir a otras partes del territorio estadounidense como maestra e iniciadora de centros escolares. Esto le prepara de tal manera que años después usaría su experiencia de cruzar fronteras internas en su propio país para ir más allá, a una tierra con otro trasfondo socio-religioso, cultural y lingüístico.


Es importante situar a Melinda Rankin en el contexto religioso que la formó. Entre 1790 y 1830 tiene lugar en Estados Unidos el llamado Segundo Gran Despertar.4 En realidad se trataba de una serie de avivamientos en el seno de las iglesias protestantes de tendencia evangélica. En ellos se enfatizaba la conversión personal y un seguimiento ético de las enseñanzas del Nuevo Testamento.


Miguel Ángel González y Timothy Bowman resumen bien el ethos del Segundo Gran Despertar: “Apasionados predicadores itinerantes recorrieron el territorio organizando grandes reuniones al aire libre donde las masas acudían a escuchar el mensaje de salvación cristiana y para arrepentirse ostensiblemente de sus costumbres pecadoras. Estos avivamientos reflejaron y contribuyeron a un renovado interés por el cristianismo. Algunos historiadores han argumentado que los participantes del Segundo Gran Despertar mostraban una conciencia general del igualitarismo democrático. En vez de apoyarse principalmente en una élite clerical educada para la instrucción de asuntos espirituales, estos participantes se unieron al “evangelismo plebeyo” que se había convertido “en la forma predominante del cristianismo [protestante/evangélico] norteamericano”.5


Con el Segundo Gran Despertar se levantaron vocaciones misioneras. Diversos personajes y grupos conformaron organizaciones y esfuerzos evangelísticos, con el fin de llevar el conjunto de creencias protestantes/evangélicas a todas partes. De alguna manera contribuye a fortalecer el sentido misionero de personas como Melinda Rankin, además de las meras motivaciones religiosas y espirituales, el triunfalismo de la nueva potencia norteamericana. A éste los especialistas le han denominado Destino Manifiesto, que consiste en la convicción de que América (entendida solamente como los Estados Unidos) tendría un llamado divino para expandirse geográfica, política e ideológicamente a costa de otras naciones.


Con todo, es nuestra opinión, derivada de los escritos y la obra realizada por nuestro personaje, que en Melinda Rankin pesan más las motivaciones de fe, su sentido de haber sido llamada a emprender una obra de índole espiritual, y bastante menos las razones ideológicas y políticas.


Hacia 1846 y por la información que circula en Estados Unidos por la guerra con México, Rankin se entera del predominio religioso católico romano en nuestro país y la prohibición existente para el establecimiento de otros credos religiosos.

Comienza una campaña personal y escribe a varias publicaciones periódicas protestantes, con el fin de llamar la atención de los lectores sobre las condiciones opresivas –sin ambages, así las considera– en que tiene el catolicismo al pueblo mexicano.


El evangelio en México


Ante la imposibilidad de adentrarse en México para realizar tareas misioneras evangélicas, Melinda Rankin decide acercarse al estado fronterizo de Texas entre fines de 1846 y principios de 1847.


Se adentra en un territorio de reciente posesión estadounidense, que junto con la extensa franja de la que se apropia la naciente potencia del norte (el actual suroeste6 de esa nación), tiene entre sus resultados que aproximadamente cien mil mexicanos hablantes de español pasen a ser ciudadanos norteamericanos.7 Cabe mencionar que mientras muchos protestantes angloamericanos sustentaban opiniones despectivas de los mexicoamericanos, Rankin asume una posición distinta y va al encuentro de una comunidad marginada por los nuevos dueños de los extensos territorios que pertenecieron a México.8


En mayo de 1847 la misionera Rankin se instala en Huntsville, donde abre escuelas y se dedica a la docencia. Escribe un libro, Texas in 1850, con el fin de convencer a los presbiterianos de Nueva Inglaterra para que apoyen su labor magisterial y evangelística.9 Permanece en Hunstville hasta 1852, cuando toma la decisión de establecer su domicilio en una población texana más cerca del territorio mexicano. Es así que se avecina en Brownsville, donde vive por trece años.

En el poblado fronterizo con Matamoros convive con una población mayormente inmigrante y heterogénea. Dada la cercanía territorial con México y el hecho de que entre las dos poblaciones existe un importante intercambio comercial, es casi cotidiano el contacto de Melinda Rankin con los sujetos de su interés misionero: los mexicanos.


La misionera realiza distintos viajes a ciudades norteamericanas para levantar fondos que le permitan sostener centros educativos en Brownsville. En sus giras para hacerse de recursos financieros se encuentra con distintas actitudes de los posibles donantes. Entre ellas estaba la idea de que los mexicanos eran unos salvajes, en quienes no valía la pena invertir tiempo y dinero para educarles y adoctrinarles en el cristianismo protestante.


El tesón de Rankin, junto con el apoyo de algunas personas que ven con simpatía sus esfuerzos, hace posible que en el otoño de 1854 tenga lugar la apertura del Instituto Femenil de Río Grande, en Brownsville. Combina las tareas docentes con la de impulsar la distribución y estudio de la Biblia. Melinda enfrenta obstáculos para su labor, uno de los cuales tiene que ver con su condición de mujer en un espacio donde los varones dominaban abrumadoramente la vida institucional y cotidiana de Brownsville y Matamoros. Pero ella no se arredra y persevera en su convicción de compartir sus creencias con los mexicanos que encuentra a su paso.


La misionera sigue con interés las noticias que le llegan de México, donde liberales y conservadores se enfrentan para hacerse del gobierno del país. Entre 1854 y 1867 la nación mexicana vive varios cambios en el mando del poder gubernamental, entre quienes luchan por abolir el dominio político de la Iglesia Católica y aquellos que consideran imprescindible que no haya cambios sino que el destino nacional siga incido a la institución eclesiástica.

Cambios políticos en Texas, y específicamente en el control de Brownsville, hacen que Rankin se establezca en Matamoros entre finales de 1862 y los primeros meses de 1863. En suelo mexicano aprovecha la oportunidad y abre una escuela. La imposibilidad de sostenerse económicamente en Matamoros hace que Rankin abandone el puerto y regrese a Estados Unidos, pero no a Brownsville por estar bajo el dominio de los confederados, sino a Nueva Orleáns.

A pesar de que las condiciones sociales y políticas de México no eran favorables para que una mujer extranjera, y además misionera protestante, se adentrase en el país por territorios que se disputaban liberales y conservadores, Melinda Rankin toma la decisión de hacer el viaje y después de largas y fatigantes jornadas en diligencia llega a Monterrey en mayo de 1865.10 Cinco años antes un enviado por Rankin (B. P. Thompson) se había dado a la tarea de distribuir Biblias en aquella ciudad. En Monterrey se encontraba el pastor bautista James Hickey11, quien se desempeñaba como agente de la Sociedad Bíblica Norteamericana. Hickey tenía casi tres años de trabajo en Monterrey y otras poblaciones, cuando Rankin llega al lugar. Para octubre de 1865 Rankin se encuentra en Nueva York haciendo campaña a favor de su causa. Diez meses después está de regreso en Monterrey, con los fondos suficientes para adquirir un edificio en el centro de la ciudad, renovarlo y transformarlo en escuela y capilla. La expansión de la obra requiere más fondos y Melinda regresa a Estados Unidos en mayo de 1867 para levantarlos. Poco más de un año después, en junio de 1868, y ya de vuelta en Monterrey la esforzada misionera se instala en el edificio remodelado e inicia cursos para señoritas. En el lugar se llevan a cabo cultos evangélicos y también se capacita a los creyentes para difundir la obra protestante no sólo en Nuevo León sino en otras partes del territorio nacional.


Tras ires y venires, así como oposición y amagos de violencia en su contra, Melinda decide concluir su trabajo misionero en Monterrey en septiembre de 1872. Entonces tenía 61 años de edad. A su salida tiene el cuidado de establecer un proceso de transición para que la obra desarrollada por ella quede bajo el cuidado de organizaciones misioneras. Intenta que tome responsabilidad directa de la obra en Monterrey la American and Foreign Christian Union, organización que fuera su principal apoyo entre 1856 y 1872. Al declinar su aceptación la AFCU, se dirige en marzo de 1873 a Boston, centro del Consejo Norteamericano de Comisionados para Misiones Extranjeras (American Board of Commissioners for Foreign Missions12), con vínculos congregacionales13 y presbiterianos.14 En 1877 los congregacionales le “traspasaron” la misión de Monterrey al Consejo de Misiones Extranjeras de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos, y es así que la obra de Melinda Rankin en Monterrey adquiere su carácter presbiteriano.


Tras dejar en manos de otros el trabajo de veinte años, Melinda Rankin se instala en Bloomington, Illinois. Se compromete activamente con una iglesia de la localidad. Hasta su muerte, que acontece el 7 de diciembre de 1888, se mantiene al tanto de la misión en la capital neoleonesa y la apoya de distintas formas. Cuando, tras manifestar su aprobación de que la Iglesia Presbiteriana en los Estados Unidos tuviese a su cargo la misión de Monterrey, hace llegar fondos para esa causa en por lo menos dos ocasiones: 3 mil 500 dólares en 1877 y 5 mil al año siguiente.

La óptica descriptiva y valorativa de Melinda Rankin nos proporciona varios elementos.


Por una parte revela cómo percibe a los mexicanos una mujer formada en la corriente del protestantismo norteamericano más inclinada a proclamar la necesidad de una conversión personal, y lograr ésta por medio de la evangelización. Por otra parte su esfuerzo muestra una manera de ir a contracorriente de las ideas predominantes en Estados Unidos sobre sus vecinos al sur de la frontera. También ilustra la oposición que encuentra de la Iglesia Católica a su difusión del cristianismo evangélico; a la vez que nos descubre la existencia de pequeños núcleos receptivos a su mensaje. De la misma manera evidencia el nuevo clima político y legal que hace posible la inserción del protestantismo en México, debido a la legislación impulsada por los liberales.


Todo lo anterior puede constatarse en el libro escrito por ella, y que recientemente ha puesto nuevamente en circulación una editorial que no está para nada vinculada con los círculos protestantes/evangélicos.


NOTAS:



1. Entre las compilaciones sobre los viajeros extranjeros que plasmaron sus observaciones del México decimonónico está la de Margo Glantz, Viajes en México: crónicas extranjeras, 2 vols. SEP/80-FCE, México, 680 pp.

2. Desde el título es más fiel al original inglés: Veinte años entre los mexicanos. Relato de una labor misionera, Fondo Editorial de Nuevo León, Monterrey, México, 2008.

3. A partir de aquí seguimos de cerca el valioso trabajo González Quiroga y Bowman, pp. 9-56.

4. El Gran Despertar (el primero) tiene lugar en Nueva Inglaterra, a partir de 1734 y alcanza su pico entre marzo y abril del año siguiente. En el evento tiene un papel preponderante el teólogo y predicador Jonathan Edwards. Para sorpresa de éste, junto con las conversiones masivas se presentan manifestaciones de agudo entusiasmo entre los asistentes a las reuniones. Las experiencias extáticas de los congregantes llevan al teólogo a desarrollar una explicación de las mismas, lo que hace años más tarde y establece una diferencia entre la acción divina y la respuesta humana a ella, que puede ser entendida en términos naturales. Ver Alister E. McGrath, Christianity´s Dangerous Idea. The Protestant Revolution, A history from the Sixteenth Century to the Twenty-First, Harper One, New York, 2007, pp. 155-157.

5. Op. cit., p. 11.

6. Región comprendida por los estados de California, Arizona, Nuevo México, Colorado, Texas, ver Juan F. Martínez Guerra, Orígenes del protestantismo entre los latinos del suroeste de los Estados Unidos, en Juan F. Martínez Guerra y Luis Scout (editores), Iglesias peregrinas en busca de identidad. Cuadros del protestantismo latino en los Estados Unidos, Ediciones Kairós, Buenos Aires, Argentina, 2004, p. 31.

7. Juan Francisco Martínez, Sea la luz. The Making of Mexican Protestantism in the American Southwest, 1829-1900, University of North Texas Press, Denton, Texas, 2006, p. 1.

8. Ibid, particularmente el apartado Anglo Protestant Assumptions about Mexican American Population, pp. 22-26.

9. Ibid., p. 52.

10. O tal vez en junio, como sostiene Joel Martínez López, Orígenes del presbiterianismo en México. Crónica de una inculturación, s/e, Matamoros, Tamaulipas, 1991, p. 55.

11. Hickey es invitado a Monterrey por Tomás M. Westrup, para que organice a los extranjeros protestantes residentes en la ciudad e inicie actividades de evangelización entre los regiomontanos. Después de bautizar por inmersión a los primeros creyentes mexicanos, Santiago Hickey y su grupo establecen formalmente una Iglesia Evangélica el 30 de enero de 1864, queda como pastor de la misma Tomás Westrup. Inicialmente la Iglesia la conformaron solamente inmigrantes de distinto trasfondo protestante, en 1863 “era confesionalmente mixta. Entre los 23 extranjeros de que se componía… había, por ejemplo, un cuáquero (John W. Butler), un anglicano (Tomás W. Westrup) y bautistas, denominación a la que pertenecía su fundador, el reverendo Santiago Hickey”. Hans Jürgen Prien, La historia del cristianismo en América Latina, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1985, p. 772.

12. La ABCFM fue “la principal sociedad misionera de los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo xix, de acuerdo con Justo L. González y Carlos F. Cardoza, Historia general de las misiones, Editorial CLIE, Barcelona, 2008, p. 153, y una de las más importantes en la segunda mitad decimonónica.

13. La Iglesia Congregacional tiene sus orígenes en el reinado de Isabel I (noviembre de 1558-noviembre de 1603), con un grupo de disidentes contrarios a la uniformidad religiosa y la organización eclesiástica episcopal. Los congregacionalistas enfatizaban el modelo de Iglesia de creyentes (conversos conscientes de la opción elegida) y la toma de decisiones por toda la comunidad, así como la estricta separación Iglesia(s)-Estado.

14. El término se deriva de iglesias cuya forma de gobierno es mediante presbíteros (ancianos, aunque no necesariamente de edad) elegidos por los integrantes de la iglesia local. El reformador Juan Calvino (1509-1564) fue un decidido impulsor de esta modalidad organizativa eclesiástica



Carlos Martíonez García

Sociólogo, escritor e investigador

del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano

y columnista del periódico La Jornada




 

Vínculos Relacionados

· Más acerca de… Revista El Faro - 2009 - Sep-Oct
· Noticias por publicacioneselfaro


Historia más leída en Revista El Faro - 2009 - Sep-Oct:
Las mujeres en la reforma del siglo XVI y su importancia para la Iglesia de hoy


Puntuación del Artículo

Puntuación Promedio: 5
Votos: 2


Por favor tómese un segundo para votar por este artículo:

Excelente
Muy Bueno
Bueno
Regular
Malo


Opciones


 Versión Imprimible Versión Imprimible

 Enviar a un amigo Enviar a un amigo


Los comentarios publicados son propiedad del Remitente. No nos hacemos responsables por su contenido.

No se admiten Comentarios de tipo Anónimo, por favor regístrese