¿Cómo aparecieron esos libros dentro de algunas Biblias? ¿Por qué los reformados los rechazamos? Aquí algunas respuestas desde la Biblia misma.
Es por todos sabido que existen versiones y traducciones de la Biblia, unas que son aumentadas y otras mutiladas, tal es el caso de la Traducción del Nuevo Mundo que usan los llamados Testigos de Jehová, quienes han quitado partes a la Biblia; y las versiones o revisiones que usa la Iglesia Católica Romana, de diferentes autores, las cuales han aumentado libros al canon judaico, y por lógica, a las Biblias que usamos los cristianos evangélicos. Pero tanto para los que aumentan, como para los que mutilan la Biblia, sin duda que está la sentencia bíblica de Apocalipsis.
Muchos son los libros apócrifos que han aparecido a través de las centurias, incluyendo el más discutido recientemente, El evangelio de Judas. Sin embargo no podemos hablar solamente de los del Antiguo Testamento, pues cometeríamos un yerro imperdonable; por eso hablaré en primer lugar de:
Los libros apócrifos
del Nuevo Testamento
Existieron muchos escritos apócrifos del Nuevo Testamento, algunos interesantes pero con muchas fábulas y mitos, cuyas enseñanzas llegaron a considerarse como misma de la Palabra de Dios. Estos comenzaron a aparecer en el siglo ii, d.C.; su objetivo fue el de llenar los vacíos que supuestamente tenía el Nuevo Testamento sobre la vida, infancia y obra de nuestro Señor Jesucristo. Se cuentan en número de unos 50, además de hechos y epístolas espurias. De esos escritos Mahoma derivó su concepto del cristianismo. Además, muchos de ellos dieron origen a algunos dogmas de la iglesia romana.
Sólo por citar algunos de ellos, están:
- El evangelio de Nicodemo, que presenta un supuesto informe de Pilato sobre el juicio de Jesús.
- El protoevangelio de Santiago, es un relato que comprende desde el nacimiento de María hasta la matanza de los inocentes.
- La asunción de María, del siglo cuarto, que presenta milagros absurdos y narra la asunción de María.
- Evangelio según los hebreos, que asienta supuestos dichos de Jesús.
- Evangelio de los egipcios, que narra conversaciones imaginarias entre Jesús y Salomé.
- Evangelio de Pedro, que se escribió con el propósito de favorecer las doctrinas de los docetas, los cuales enseñaban que Cristo no había venido en carne, sino que su cuerpo era aparente.
- Evangelio seudo Mateo, que narra supuestos milagros realizó en su infancia, como el caso de que dio vida a los leones de mármol de Egipto. En este y en otros los libros se presenta no a un niño humilde, sino vengativo, presuntuoso y caprichoso, como la narración donde convirtió en un chivito a un niño que se le escondió; o cuando avergonzó a su maestro diciéndole: “No conoces el Alfa en su naturaleza ¿cómo enseñas a otros la Beta?”; un tercer caso es de aquella ocasión que por maldad metió todas sus túnicas de una tintorería en un solo color, para teñirlas, pero el milagro consistió en que, al sacarlas, cada una iba saliendo del color que había pedido el cliente; también hay aquellas narraciones donde se dice que su mamá lo mandó a traer agua, pero el niño Jesús, por quedarse a jugar con otros niños, rompió el cántaro y tuvo que llevarle el agua a su madre en su túnica; o la ocasión cuando la partera tomó el ombligo de Jesús y lo metió en un frasco con alcohol y cuando llegaron José María y el niño a una ciudad donde había peste, María abrió el frasco y salió un aroma que sanó a los habitantes enfermos de por la peste. Otra más en que Jesús jugaba con lodo y hacía unos pajaritos a los cuales les daba vida y volaban; en fin, ¡cuántas fantasías!
- El evangelio de Tomás, que narra la supuesta obra de Jesús en su niñez de los cinco a los doce años.
- El evangelio árabe, con supuestos milagros realizados por el niño Jesús en Egipto.
Y así podríamos seguir mencionando El evangelio de Apeles, de Eva, de Felipe y el Evangelio o tradiciones de Matías, La ascensión de Santiago, Evangelio de Basílides, entre otros. Ese Jesús que presentan los evangelios apócrifos no es nuestro Señor, quien fue noble, bondadoso, tierno, obediente a sus padres, contrario a las enseñanzas de uno de esos evangelios, el cual narra que desobedecía a su mamá, mientras que la Biblia dice que “estuvo sujeto a sus padres” (Lc.1:51).
Así como existieron libros apócrifos del Nuevo testamento, también son muy conocidos:
Los libros apócrifos
del Antiguo Testamento
Aquí haré un alto para explicar el término apócrifo. En un principio significaba “escondido, oculto, reservado” porque esos libros no eran destinados a la lectura en las sinagogas. Los cristianos evangélicos les damos el significado de espurios o heterodoxos. Estos son en número de terce: primero y segundo de Esdras, Tobías, El resto de Ester, La sabiduría de Salomón, Eclesiástico (conocido también como La sabiduría de Jesús hijo de Sirah), Baruc, La carta de Jeremías, las adiciones a Daniel, La oración de Manasés, primero y segundo de Macabeos. La Iglesia Católica Romana los denomina deuterocanónicos, o sea, de la segunda inspiración. Ellos les dan tanta autoridad como a los 66 libros canónicos que solamente aceptamos los cristianos evangélicos. Y aquí surge dos preguntas interesantes: ¿Cómo aparecieron esos libros dentro de algunas Biblias? ¿Por qué los reformados los rechazamos?
Responderé a la primera pregunta. Tolomeo Filadelfo deseaba tener en su biblioteca de Alejandría, la cual contaba con 400 mil rollos, todos los escritos judíos, por eso contrató a setenta eruditos en lenguas hebrea y griega para que tradujeran del hebreo al griego esos escritos, entre los siglos iii y ii, a.C. Al concluir esa obra, salió a la luz lo que se conoció como la versión de los lxx (setenta), donde estaban los libros canónicos de los judíos, incluyendo a los otros escritos, a los que llamamos apócrifos. De allí se tradujeron al latín en el siglo ii, d.C., brotando la conocida vulgata latina, de donde han copiado todas las Biblias que usa la Iglesia Católica Romana.
Hubo muchas discusiones sobre si tenían el mismo valor que los canónicos o no. Sabemos que la versión de los lxx los incluyó, pero como apéndice al canon del Antiguo Testamento. La vulgata de Jerónimo hizo una diferenciación entre los Libri Eclesiástici y los Libri Canónici, con el resultado de que a los apócrifos se les dio un lugar secundario. Jerónimo mismo dijo: “estos libros podrán ser para la edificación del pueblo, pero no para confirmar la autoridad de los dogmas eclesiásticos”. Desgraciadamente, en nuestros días hay algunos que recomiendan su lectura como si fuera la misma Palabra de Dios, tal como lo aprobó el Concilio de Cártago en el 397, d.C., hasta parecen de la Iglesia Anglicana que hace demasiado uso de esos libros apócrifos. La Iglesia Ortodoxa, por su parte, después del cisma de oriente (1054) los aceptó siguiendo las decisiones de los Concilios de Cártago y de Constantinopla del 692. La Iglesia Romana se apoyó en los concilios y sínodos como el de Roma en 382, el de Florencia en 1438 a 1445 y por fin, el Concilio de Trento (1545 a 1563) instancia que los reconoció como de inspiración divina, con la excepción de primero y segundo de Esdras y la oración de Manasés.
¿Por qué los reformados los rechazamos como divinamente inspirados? No dudo,y me uno a Lutero, quien dijo: “son provechosos y buenos para la lectura pero estos libros no deben considerarse en el mismo nivel que las Sagradas Escrituras”. ¿Por qué los consideramos espurios? Existen varias razones: Primero, los judíos les negaron cualquier autoridad, recordemos que la misma Biblia dice: “¿Que ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras.
Primero, ciertamente que a ellos les ha sido confiada la palabra de Dios” (Ro.3.1,2). Esta es la razón por la que aparecieron en el canon judío, ya que si a ellos les confió Dios su Palabra no podían meter lo que no era Palabra del Señor como si la fuera. Flavio Josefo, historiador judío, menciona sólo los 22 de ese canon, que son los 39 nuestros, ya que, en el canon judío, algunos están unidos a otros para completar sólo el número de 22, para ir con el abecedario hebreo que tiene el mismo número de letras.
Segundo, ni Cristo ni los apóstoles hicieron referencia a ellos como si fueran Palabra de Dios, aunque los defensores de los apócrifos argumentan que tampoco hicieron alusión a Ester, Cantares, Abdías, Sofonías, entre otros; y en cambio, sí referenciaron o citaron algunos escritos no inspirados, tal como se presenta en Hechos 17:28, que cita el Himno de Zeus, del filósofo estoico Cleantes: “[…]como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: porque de linaje suyo somos”, o como la cita la comedia Tais del poeta griego Menandro o Menander (1Co.15.33). “No erréis, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” o como la cita de Tito 1:12, donde está un dicho de Epiménides: “Uno de ellos, su propio profeta dijo: Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos” y el mismo libro de Judas, el cual hace referencia al libro Apócrifo de Enoc: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el Diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: el Señor te reprenda”. Aclaro que esos dichos o referencias tienen alguna verdad o una razón importante para que fueran citados.
Otro punto por la que rechazamos los libros apócrifos es porque nuestra Confesión de fe de Westminster los rechaza como inspirados. El capítulo i, inciso c dice: “Los libros comúnmente llamados apócrifos, por no ser de inspiración divina, no forman parte del canon de Las Sagradas Escrituras, y por lo tanto no son de autoridad para la Iglesia de Dios, ni deben aceptarse ni usarse sino de la misma manera que otros escritos humanos”.
Sin embargo, la razón básica del porqué no los consideramos de inspiración divina, es que contienen errores de todo tipo: históricos, geográficos y doctrinales, por ejemplo. El libro de Tobías en el capítulo 4:10 dice: “pues la limosna libra de la muerte y preserva de caer en las tinieblas”, aquí presenta la justificación por las obras, que es lo que sostienen los católicos romanos; en el 6:5–8 contiene cuestiones supersticiosas ya que dice: “¿Para qué sirven el corazón y el hígado con la hiel del pez? El respondió: Sirven para que, si un demonio o un espíritu atormenta a uno, quemándose ante él, ya no vuelva a molestarle. Cuanto a la hiel, sirve para ungir a quien tuviese cataratas, pues con ella quedará curado”; y en el 12:9, habla de la salvación por dinero, asentando: “Pues la limosna libra de la muerte limpia todo pecado. Necesitaba eso la iglesia romana para su provecho. El libro de Judith, en sus capítulos 1:7 y 11 presenta un error histórico ya que dice: “después mandó sus fuerzas Nabucodonosor, rey de los Asirios”, sindo él fue rey de los babilonios no de los asirios; y en el 2:24 tiene un error geográfico porque dice: “Pasó el Éufrates y atravesando Mesopotamia tomó por asalto todas las ciudades fuertes del torrente Abrona hasta el mar”. Sabemos que primero está Mesopotamia y luego el Éufrates; y repite otro error histórico en el 5:19, puesto que ya no había templo en Jerusalén en esa fecha. El primer libro de los Macabeos 1:6, contiene un error histórico, pues dice que Alejandro dividió su imperio antes de su muerte, cuando eso es falso, porque después de su muerte fue que Lisímaco, Cassandro, Seleuco y Tolomeo se lo dividieron. En el capítulo 12:21 de ese primer libro, dice que los espartanos eran del linaje de Abraham, sin embargo, recordemos que eran de raza jafética y Abraham fue semita. El el segundo libro de Macabeos, en su capítulo 12:43–46, presenta los sacrificios por los muertos y que es bueno orar por ellos, doctrina netamente romanista, dice una parte “Pues si no hubiera esperado que los muertos resucitarían, superfluo y vano era orar por ellos […] obra santa y piadosa es orar por los muertos”, y en el 15:39,40 el mismo libro se declara mediocre: “Si está bien y como conviene a la narración histórica, eso quisiera yo; pero si imperfecta y mediocre, perdóneseme”, yo afirmo: ese libro no puede ser la Palabra de Dios. El libro de La sabiduría, en su capítulo 7:25, acepta una idea gnóstica, en el sentido de que Dios tiene emanaciones, cuando dice: “Porque es un hálito del poder divino y una emanación pura de la gloria del Dios Omnipotente”. El capítulo 9:15, acepta la teoría masdeísta que sostenía que la materia es pecaminosa y el alma buena, lo cual declara con las siguientes palabras: “Pues el cuerpo corruptible agrava el alma”. En el capítulo 11:18 declara que Dios creó de la materia existente: “Pues no era difícil a tu mano Omnipotente, que creó el mundo de la materia informe”, en tanto la Biblia dice: “Por fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hb.11:3). También el libro de Sabiduría en el 16:20, afirma que el maná tenía todo tipo de sabor, lo cual es totalmente falso y lo asienta así: “En lugar de esto proveíste a tu pueblo de alimento de ángeles […] que teniendo en sí todo sabor, se amoldaba a todos los gustos”, esto es contrario a lo que dice en Éxodo 16.31. El libro Eclesiástico, en su capítulo 3:4, 32 y 33, habla de la justificación por obras y de las limosnas que perdonan el pecado, diciendo: “El que honra al padre expía sus pecados”, “El agua apaga la ardiente llama y la limosna expía los pecados”; en el 7:37 dice: “y al muerto no le niegues sus piedades”, en el 43:29, acepta la teoría panteísta cuando dice: “Él lo es todo”. El libro de Baruc declara que Dios oye la oración de los muertos: “Señor todopoderoso, Dios de Israel, oye la oración de los muertos” (cap.3:4)1.
Y así podríamos seguir probando tantos y tantos errores en esos libros, pero deseo terminar afirmando que la Iglesia Católica Romana, para apoyar sus doctrinas tuvo que hacer uso de esos libros apócrifos; mas los reformados no debemos dejarnos engañar, sino estar alertas contra algunos que desean volver a Roma, aceptando esos libros apócrifos como la misma Palabra de Dios. En síntesis, considero que podemos y debemos leerlos, mas como cualquier otro libro y no como si fuera La Palabra de Dios.
Pbro. Bernabé Bautista Reyes
Pastor de la Iglesia El Divino Redentor
de Atizapán de Zaragoza.
Cuenta con estudios de Maestría
en Teología por el Seminario Nacional Presbiteriano.
“Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” (Ap.22:18,19).
NOTA
- Los libros apócrifos en el Nuevo Testamento comenzaron a aparecer en el siglo II, d.C.; su objetivo fue el de llenar los vacíos que supuestamente tenía sobre la vida, infancia y obra de nuestro Señor Jesucristo. Se cuentan en número de unos 50. De esos escritos Mahoma derivó su concepto del cristianismo.
- Tolomeo Filadelfo deseaba tener en su biblioteca de Alejandría todos los escritos judíos, por eso contrató a setenta eruditos en lenguas hebrea y griega para que tradujeran del hebreo al griego esos escritos, lo que se conoció como la versión de los setenta.
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