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Portada: Reflexión de Adviento
Revista El Faro - 2009 - Nov-Dic
Enviado el Sábado, febrero 13 @ 21:59:58 CST por publicacioneselfaro
 

Reflexión de Adviento

La luz que las tinieblas no pueden apagar



La luz en las tinieblas resplandece y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Juan 1:5


Un profundo sentido de expectación, gozo y alegría son parte de la temporada de Adviento y Navidad. Ecos del pasado resuenan con renovada esperanza señalando horizontes de futuros amaneceres para la humanidad entera. Desde los tiempos del siglo ocho antes de la era común (A.E.C.) el profeta Isaías, por medio de su inspiración poética y del Espíritu de Dios, anunció doble profecía para su tiempo y para el futuro diciendo:


Una virgen concebirá y dará a luz un hijo y llamará su nombre Emanuel […] saías 7:14


El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Se alegrarán delante de ti como se alegran en las cosechas, como se gozan como cuando se reparten riquezas, porque tú, Señor, quebraste su pesado yugo […] y el cetro de su opresor. saías 9:2-4


En ambos casos, el Evangelio escrito en hebreo por el apóstol Mateo, siglos después de Isaías, reconoce el cumplimiento de tales profecías del pasado como realizadas, en primer lugar, en la persona de la esposa de José el carpintero llamada María. Y en segundo lugar en la persona de Jesús, nacido de María, a quien se le aplica el nombre de Emmanuel (Mt.1.23 y 4.12-17). Y es extraordinario que la palabra Emanuel significa en hebreo “¡Dios con nosotros!”


La buena noticia navideña


Por eso, es de maravillarse que la noche en que nació Jesús hubo una gran conmoción de carácter cósmico y universal. Una noche fría de invierno, seres de otros mundos, que comúnmente la Escritura llama ángeles, anunciaron con gran algarabía, música y cantos celestiales a los más pobres de ese tiempo, los pastores en las praderas del pueblito de Belén, el nacimiento del bebé más lindo de todos los tiempos. El compositor e himnólogo presbiteriano-metodista, Vicente Mendoza, de los años 20 del siglo pasado, tenía el siguiente canto navideño en su himnario Himnos selectos:



Dulce niño que irás como heraldo de paz

destruyendo el dolor y encendiendo el amor,

haz que puedan las almas vivir en tu luz.

Nace en todos los pechos, ¡oh dulce Jesús!

La celeste canción que llenó la expansión,

trajo al mundo la paz, diole al alma solaz,

¡Y la estrella rompiendo tinieblas de horror

en las almas logró que naciera el amor!



Por otro lado, el anuncio angelical reafirmando lo anterior decía:


No temáis, porque he aquí les traemos nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo: ¡que les ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador que es Cristo el Señor! Y esto les será por señal: hallarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales que alababan a Dios y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los los seres humanos! ucas 2:8-14


La luz que resplandece hasta hoy


Ése niño es el mismo Jesús de quien Juan en su evangelio dice ser “la luz que en las tinieblas resplandece”, pues, más adelante, cita textualmente a Jesús quien dijo una vez:

Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida.

Juan 8:12 (v.1960)


Por todo eso podemos decir que “Jesús es ¡Dios con nosotros!” Él es la luz que los poderes de las tinieblas de este mundo no pueden apagar jamás. Él es aquella luz “que alumbra a todo ser humano que viene a este mundo”(Jn.1:9). ¡He ahí la esperanza para toda la humanidad!

El evangelio juanino desde su primer capítulo advierte también que Jesús es aquella Palabra creadora del Universo y de la vida en todas sus formas así como de los seres humanos:

¡Aquella Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del padre, lleno de gracia y de verdad! uan 1:14


El apóstol Juan utiliza palabras un poco subjetivas para decir lo mismo que la narración de San Lucas acerca del nacimiento de Jesús; sin embargo, el mensaje es el mismo. Es un mensaje de Buena Nueva: Dios ha intervenido en la historia humana más radicalmente en el Hijo de María. ¡El Dios, todo otro, inconmensurablemente incomprensible, se hace accesible en el pequeño niñito de Belén, en la persona de Jesús! Y este mensaje sigue siendo una buena noticia, pues esa Luz sigue desafiando a las tinieblas.


Aceptación o rechazo de la luz


¿Pero qué significa esta buena nueva para el mundo del siglo xxi? En primer lugar, el mensaje, según el evangelio de Juan, asegura que, todos aquellos que creen en Jesús y le reciben se les da el “poder” de llegar a ser hijos e hijas de Dios sin importar su condición social (Jn. 1:10–12). Esta posibilidad es verdaderamente una buena noticia.

Jesús mismo reafirma la buena noticia cuando dijo que Él había venido para buscar y salvar lo que se había perdido; en aquella ocasión, cuando los religiosos farisaicos le criticaron por estar en casa de un pecador como Zaqueo, el publicano, miembro de los odiados cobradores de impuestos para el Imperio Romano.

Zaqueo lo había recibido en su casa y lo había invitado a comer juntamente con los únicos amigos que tenía, otros cobradores de impuestos considerados traidores al pueblo judío. En esa ocasión, Jesús también dijo: ¡Hoy ha venido la salvación a esta casa! Ejemplo claro de que quienes le reciben se les da el poder de ser hijos o hijas de Dios. En retorno, por haber sido aceptado por Jesús, Zaqueo dijo: “Si he defraudado a alguien, le regresaré cuatro veces lo que le haya robado.” ¡Qué buena noticia! La presencia de Jesús transformó la vida de un odiado cobrador de impuestos. Qué remedio tan formidable contra la corrupción y el abuso de autoridad.

La buena nueva también llegó a Nazaret un sábado, cuando Jesús visitó la sinagoga de su pueblo. Ese día, invitaron a Jesús a leer la Escritura que en ese tiempo era el Antiguo Testamento. Jesús leyó del profeta Isaías el pasaje que dice:


El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mi, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los pobres y sanar los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová […] saías 61.1–2; Lucas 4.18–19


El Señor Jesús, enrollando el libro lo entregó al ministro y se sentó. Enseguida les dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes.” ¡Qué maravilla! Sin embargo, la reacción de los asistentes a la sinagoga ese día fue de rechazo. Eso hace eco a lo que dice Juan en su Evangelio: “¡A los suyos vino pero los suyos no lo recibiero!” Qué tragedia cuando se rechaza a Jesús! Los muy religiosos enfurecidos, llevaron a Jesús a la cumbre del monte sobre la cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle (Lc.4.28–30).


Vivir bajo las sombras de la muerte


Ser pobre y estar bajo la línea de la pobreza es estar oprimido. Estar quebrantado de corazón, desanimado y sin esperanza. Estar preso y bajo un sistema de represión es caminar en la sombras, en las tinieblas de callejones sin salida. No hay trabajo, no hay alimento en casa, no hay medicinas, no hay alegría, no hay esperanza. Es como caminar en el “valle de sombras y de muerte”. Actualmente, bajo el sistema consumista del liberalismo económico globalizada, los pobres, los desempleados, los marginados y los enfermos no cuentan, son prescindibles, pues no producen ni tampoco consumen. Eso es como estar bajo el poder de las tinieblas y de la muerte. Se encuentran viviendo una muerte o muriendo una vida cada día, como diría San Agustín.

En tiempos de Adviento y Navidad, hoy día, millones de hombres, gente joven, mujeres, niños y niñas viven en situación de desempleo, de hambre, de calle, sin techo, sin esperanza ninguna. ¡Para ellos la buena noticia no les llega! Y nos les llegará a menos que las iglesias (protestantes o no) se aperciban para llevar el mensaje de Buena Nueva a todas esas personas que esperan con ansiedad una ayuda efectiva, comestibles, ropa en buenas condiciones, ayuda médica, etcétera, una luz, un mensaje de amor, de solidaridad, de esperanza.


Llevar la luz aún en donde está el peligro y la necesidad


Los evangelistas Mateo y Marcos, narran cómo Jesús, al saber que Herodes, gobernador de Galilea, había mandado encarcelar a Juan el Bautista, decididamente se fue a esa región. Precisamente allí donde estaba el peligro y se quiso acallar la proclama profética de Juan y apagar cualquier señal de esperanza, Jesús decidió ir a continuar la proclamación de su Evangelio del Reino que reclama la práctica de la justicia (Mc.1:14–15). Mateo lo ve como el cumplimiento de la profecía de Isaías, mencionada arriba:


[…] Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz resplandeció sobre ellos. ateo 3:12–16


Esa luz de esperanza, anunciada primero por Juan el Bautista, ahora brillaba con doble intensidad en la persona de Jesús, la Luz del Mundo, y con la proclamación del Evangelio del Reino que reclama paz con justicia. Esta proclama del evangelio, esta luz, no pudo ser acallada, no pudo ser apagada por el gobierno sátrapa de Herodes. Tampoco podrá ser apagada por los poderes fácticos de la soberbia y la injusticia de hoy contra el pueblo pobre y oprimido.

Ahora, en nuestro tiempo, pienso que los ángeles, aunque quisieran hacer esta tarea, no la pueden realizar. Dios la ha encargado a los creyentes en el Señor Jesucristo, a las iglesias, sin importar que sean pequeñas, grandes o medianas, pobres o medianamente ricas. Es a nosotros, los que nos decimos cristianos, a quienes Jesús también dice: “Ustedes ahora son la Luz del mundo”:


Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos! ateo 5:14–16


Las tinieblas tenebrosas del pecado individual, como egoísmo y avaricia, y del pecado estructural y social de sistemas actuales sólo protegen los intereses de los poderosos. Reprimen, subyugan, someten, encarcelan y destruyen toda posibilidad de una vida digna. Acaso no es eso muy común hoy día en nuestro país: represión militar y policiaca, indiferencia ante el dolor, campesinos encarcelados, profesores bajo brutal represión, apabullante despido de miles de trabajadores de Luz y Fuerza del Centro.

Por otro lado, tenemos miles de indigentes por todos lados como Nacho. Él es un jovencito parapléjico. En silla de ruedas viene todas las noches desde el norte de la ciudad de México hasta el centro. Se sienta en una de las entradas en una estación del Metro. Espera que le ayuden con algunas monedas. Es la única forma que él tiene para ayudar un poco a su madre y sus propios gastos. Don Victor Manuel es un hombre afectado en su niñez por la poliomelitis. Con sus muletas y como puede también viaja en el Metro. Todos los días se sienta junto a un centro comercial. Vende cualquier chuchería. Algunas personas lo saludan y le dan alguna moneda. Ambos sonríen y conversan con la gente. A pesar de todo, son optimistas. Ninguna iglesia los ayuda. Ellos se encuentran entre los prescindibles. No cuentan. Tal vez ni para ninguna Iglesia, pues no podrían dar el diezmo!

Los poderes políticos y económicos de este tiempo y todas las fuerzas del mal son insensibles al sufrimiento del pueblo. Nuestras iglesias no se pueden dar el lujo de ser insensibles y alinearse con los partidos de los ricos y los poderosos. La única opción para las iglesias y los cristianos es alinearse con Jesús, la luz que vino a este mundo y que ahora nos desafía para llevar en palabra y obra la buena noticia del Reino y no sólo de salvación personal “del alma” sino de salvación integral para una vida nueva ¡aquí y ahora para gloria de Dios! Ser Luz en el mundo es normativo para las iglesias! Sólo entonces tendremos el derecho de unir nuestros cantos navideños al coro angelical de la primera Navidad:


Gloria a Dios en las Alturas y a los mortales, paz y buena voluntad para todos y todas!


Estar quebrantado de corazón, desanimado y sin esperanza. Estar preso y bajo un sistema de represión es caminar en la sombras, en las tinieblas de callejones sin salida. No hay trabajo, no hay alimento en casa, no hay medicinas, no hay alegría, no hay esperanza. Es como caminar en el “valle de sombras y de muerte”.


Pbro. José Luis Velasco M.

Maestro en Teología por el Seminario Presbiteriano Columbia (Atlanta, EU).

Ex director de la Casa Unida de Publicaciones.

Su libro más reciente es Educación cristiana para una Iglesia viva y reformada (2007).



 

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