Dios establece que cuando buscamos satisfacción en las cosas en lugar de Él, comemos pero nos mantenemos hambrientos.
El lado oscuro es que nuestro aprendizaje del pecado llega a ser habitual. Una vez que caemos en un patrón de pecado, vamos hacia él constantemente.
La gracia es Dios trabajando en nosotros por medio de la aplicación de su Palabra.
El oscuro secreto El pecado sexual está creciendo aprisa en los lugares secretos de la Iglesia —no sólo en las bancas sino detrás de los púlpitos—. Las estadísticas en Estados Unidos revelan que el 18% de los clérigos ha tenido una forma de contacto sexual con alguien más que no sea su cónyuge durante su pastorado (Liderazgo Vol. 9, No. 1, 1988). Eso es aproximadamente uno de cada cinco ¡que lo admiten! Esto ni siquiera cuenta con aquellos que juegan con los límites de la pornografía y otros recursos menos explícitos de lascivia mientras se guardan sus pecados para sí mismos.
La Biblia tiene algunas palabras muy claras respecto al pecado sexual: “Huyan de la inmoralidad sexual” (1 de Corintios 6:18); “[…] y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13:14); “más los […] fornicarios estarán fuera [de las puertas de la Ciudad Santa]” (Apocalipsis 22:15). No hay duda que Dios desea que su gente sea sexualmente pura, pero la recitación de estos versos parece un ejercicio de futilidad para aquellos quienes luchan con el pecado sexual. Aquellos que van con algún hermano que está envuelto en pornografía o luchando con una relación de adulterio y recitan estos versos en la esperanza de “ayudar” al hermano, son dolidamente ingenuos. El pecado sexual no es algo que un par de versos de la Escritura y una oración pueden prevenir. Ya que para que la santificación ocurra en el mundo del pecado sexual, un largo y complejo proceso debe ocurrir. El propósito es este artículo es ayudar a quienes luchan con el pecado sexual a llegar a un entendimiento de este tipo de pecado, y cómo Dios puede y otorgar libertad. Este artículo, sin embargo, no proporciona una fórmula fácil de respuesta. No hay respuestas fáciles.
El pecado sexual es adictivo
El término “adicción” es ahora comúnmente aplicado a la lucha que los individuos tienen con el uso de tales cosas como la pornografía, clubes para adultos, prostitutas y relaciones ilícitas. Es un buen término descriptivo que transmite el sentimiento de estar fuera de control. Los individuos que luchan con el pecado sexual comúnmente describen que se sienten como si ellos no se pueden controlar a sí mismos. Ellos describen un ciclo de comportamiento el cual parece funcionar por sí mismo, aparentemente independiente de su propia voluntad. Ellos describen cómo caen en un patrón y tipo trance al cual siguen robóticamente. Ellos usan el término “adictos”.
Si queremos decir que con el término “adicción” la gente es víctima o indefenso —controlados por una misteriosa predisposición genética— entonces debería ser desechado. Tal uso del término, ignora la responsabilidad humana y subvierte cualquier concepto de justicia divina. Si por el contrario, lo que queremos decir es que la gente se vuelve esclava de sus pecados, que se convierte en un patrón el cual es casi independiente de sus decisiones conscientes, entonces, el término es aceptable. Llamar al pecado sexual adictivo es decir que la gente tiene en sus vidas “pecados predominantes” o “pecados dominantes en la vida”. Esta es la terminología de los puritanos y todavía es aplicable en la actualidad. La gente siempre tiene ciertos pecados, los cuales parecen repetirse en sus vidas como una alcantarilla sobre una calle medieval y sienten que nunca pueden realmente ser libres y puros.
Escritores cristianos de siglos anteriores usaban alegorías para señalar este fenómeno. Por ejemplo, el personaje principal de George MacDonald en su libro Phantastes (Romance de Adas) toma una decisión pecaminosa y como resultado una sombra se pega a él. No importa hacia donde se dirija el personaje, la sombra está ahí. El personaje enteramente se llega a preocupar por su sombra y se pasa la mayor parte del libro preocupado por esto. Un acto de gracia remueve la sombra al final de la historia. El mensaje de MacDonald es claro: la gente tiene pecados en sus vidas los cuales se cuelgan en ellos constantemente —con los cuales luchan y parece que no tienen libertad— y aun así la gracia de Dios prevalece.
Estos patrones pecaminosos se desarrollan en nuestras vidas porque Dios nos ha creado para aprender y actuar de una manera habitual. Los filósofos tienen diferentes nombres para el proceso de cómo incorporamos conocimiento y comportamiento juntamente. El filósofo Michael Polanyi lo llama Conocimiento Tácito, mientras que otros lo llaman Conocimiento Innato. Por ejemplo, cuando aprendemos a manejar un carro, se vuelve casi una segunda naturaleza para nosotros. No pensamos en todos los detalles, simplemente lo aprendemos y vamos. Si tuviéramos que reaprender todos los detalles cada momento que los necesitáramos manejar, nos tomaría horas simplemente el ir a la tienda. Piensen qué tan complicada la vida sería si tuvieran que conscientemente pensar acerca de todos los detalles que implica manejar un carro cada momento que vas al trabajo. Una vez que aprendemos algo, esto llega a ser Conocimiento Habitual. Este es un regalo de Dios.
El lado oscuro de esto es que nuestro aprendizaje del pecado también llega a ser habitual. Una vez que caemos en un patrón de pecado, vamos hacia él como un poodle entrenado. No pensamos conscientemente cuando divagamos hacia la revista que está en el estante mirando furtivamente a nuestro alrededor. No escogemos conscientemente manejar a casa por cierto camino y deslizarnos hacia el bar Go-Go. La Biblia nos dice que nuestros corazones son engañosos más que cualquier otra cosa. Nuestro pecado se hace fuera de la rutina y hábito. El hábito puede ser quebrantado cuando vemos los detalles de nuestro patrón pecaminoso y cómo se entrelazan entre sí. Dios nos dice que debemos ser transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12:2). Alguien que lucha con el pecado sexual no puede ser liberado sin estar radicalmente renovado en su entendimiento. Este es un largo proceso que envuelve a la Consejería Bíblica. Dios rompe los patrones pecaminosos por medio de la renovación de nuestras mentes Bíblicamente. El proceso requiere de mucha gracia porque renovar la mente toma tiempo y no es agradable.
El sistema de pecado
El pecado sexual típicamente sigue un patrón predecible. El Dr. Patrick Carnes, un consejero secular, identificó ese patrón a principios de 1983. Su modelo, aunque faltante de categorías bíblicas, con precisión describía el patrón. Aunque el lo llama “el ciclo adictivo”, es mejor llamarlo “el sistema de pecado”.
El patrón por el que los individuos que luchan con el pecado sexual atraviesan, es éste: primero, hay una preocupación con el pecado. La persona puede tener su pensamiento fijo en un deseo particular o estar luchando con la tentación. La lucha se vuelve una preocupación. Éste es seguido por lo que se llama ritualismo. El individuo empezará el ritual —el patrón habituado. Esto comúnmente envuelve ir a ciertos lugares, hacer una llamada, manejar en una cierta ruta, vestirse de cierta forma o muchas otras cosas. Una vez que el ritual comienza, la persona empieza a sentirse fuera de control o robótico. A esto se le llama obsesión, y en este punto, la persona raramente tendrá fuerza de voluntad o deseo espiritual de parar. El pecado —cualquiera que sea— es cometido y entonces es seguido de una gran culpabilidad y vergüenza que alimentan una pobre autoimagen y sentido de desesperación. En la etapa de la desesperación la persona es tentada a calmar el dolor recurriendo al mismo comportamiento y el ciclo comienza de nuevo.
Debe estar claro que este es un ciclo de esclavitud. Dios nos da claras advertencia bíblicas y promesas las cuales lidian con cada parte del ciclo y que pueden asistir a la persona a romper el ciclo. A una persona se le puede recordar que “huya de la inmoralidad sexual” y “que no provea para la carne” cuando él o ella se encaminan hacia la etapa del ritual. A una persona se le puede recordar que “ninguna tentación se le ha adelantado sino recordarle que así como es común al hombre y con la tentación, Dios da medios de escape”, cuando él o ella están en la etapa de obsesión. A una persona se le pueden dar las promesas de perdón mientras esté en la etapa de desesperación. Todo esto es útil, pero hasta que el corazón no lidie con estas cosas, el comportamiento nunca se irá.
Se sabe que los individuos traen sus comportamientos a niveles de menos ofensa, y aún así no estar totalmente libres del patrón. Por ejemplo, un hombre puede ya no ver literatura para adultos, pero todavía tener lascivia cuando ve los anuncios de ropa femenina en los periódicos locales. Por supuesto que este es un progreso, pero, dado el derecho de una serie de circunstancias, el hombre volverá inevitablemente a sus pecados más profundos. A menudo, el control se basa en un miedo a ser sorprendido y no en un deseo de “ser santo porque Yo soy santo” (1 Pedro 1:16). Antes que alguien pueda ser liberado del pecado sexual, los asuntos del corazón tienen que ser tratados.
¿Por qué algunas personas persiguen pecados homosexuales mientras que otros se enganchan en pecados heterosexuales? ¿Por qué algunos caen en voyerismo1 mientras que otras se exhiben a sí mismos? ¿Por qué algunas se contentan a sí mismas con la pornografía mientras que otras buscan prostitutas? Todas éstas son respuestas pecaminosas hacia la vida, y aunque los detalles varíen grandemente, hay dos temas comunes para casi todos los que batallan con pecados sexuales. Ya sea que fueron abusados de pequeños o los expusieron a la pornografía. El rol de un “padre ausente” parece ser muy significativo con respecto a aquellos que luchan con la homosexualidad. Los detalles son muy complejos para un artículo de esta naturaleza. La realidad es que los individuos descubren que el placer sexual les da un sentido de seguridad, de sentirse bien o de control. La decepción es que la seguridad, el sentirse bien y el control, son efímeros y carecen de llenura. Dios establece en Oseas 4:10 que cuando buscamos satisfacción en las cosas en lugar de Él, comemos pero nos mantenemos hambrientos. El pecado sexual promete satisfacción pero no es verdad.
El meollo del asunto en la raíz del pecado sexual es el asunto del control. En nuestras naturalezas pecaminosas todos queremos controlar nuestras vidas. Buscamos las formas de satisfacer nuestros deseos. Buscamos formas de controlar a los demás. Buscamos formas de obtener orden en nuestras vidas. Decimos “yo controlaré mi vida”. Este deseo por el control puede manifestarse en todos los tipos de pecados, pero uno de los más fuertes es el pecado sexual. El meollo es que la lucha es con Dios y su Soberanía. ¿Confiaremos en Dios? ¿Creemos que Él está en control en todas las circunstancias? ¿Creemos que Dios es bueno?
Hasta que las personas piensen en estas preguntas y enfrenten su propia naturaleza pecaminosa, los patrones de pecado sexual seguirán dominando las vidas. Si estás luchando con el pecado sexual, el mayor consejero que se te da es que busques un consejero cristiano que se especialice en asuntos sexuales. Busca un ministerio como Harvest usa en México que se dedican a ayudar a las personas para ser restauradas y liberadas de los pecados sexuales. Hay pastores que no tienen la capacitación requerida para aconsejar adecuadamente a las personas que luchan con este tipo de pecados. Comúnmente, lo que pueden hacer es enviar a las personas con consejeros o ministerios especializados. No sólo necesitas consejería bíblica sino a alguien que se responsabilice de ti (Gálatas 6:1-15, Mateo 18:15-20, Santiago 5:16).
Gracia versus obras
La razón por la que se omite una fórmula para lograr el éxito en la lucha contra el pecado sexual, es que para hacer eso nos motivaría a pensar en términos de autodependencia. Nos engañaríamos a nosotros mismos al pensar que si sólo hiciéramos ciertas cosas en ciertos momentos, ganaríamos control de nosotros mismos y seríamos exitosos en nuestra lucha. Noten que este pensamiento se enfoca en el “yo”. Si sólo hago tal y tal cosa, estaré bien. Esto no es un pensamiento que descansa en Dios. Aquellos que luchan con el pecado sexual tienen que empezar en la gracia. La gracia es Dios dándonos la victoria. La gracia es Dios trabajando en nosotros por medio de la aplicación de su Palabra. La gracia es Dios dándonos el deseo de ser santos porque Él quiere que lo seamos no porque nos dé miedo ser sorprendidos. La gracia es Dios cambiándonos y haciéndonos como Él. La gracia no es una fórmula.
La gracia es Dios llamándonos a una relación con Él. Es Dios diciéndonos que nos ama aunque odia nuestro pecado y que Él hará cualquier cosa para cambiarnos. La santificación es un largo proceso de vida donde Dios está trabajando en nosotros. Las fórmulas causan autoconfianza, pero la gracia causa confianza en Dios.
Hay esperanza sólo en Cristo Jesús.
Tomado de los artículos de la Organización Harvest (Cosecha) USA.
Traducido por Francelia Chávez Rodríguez, Secretaria Ejecutiva de Educación de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, con permiso de Nicholas Black, Director Ejecutivo de Harvest USA en Pennsylvania, Estados Unidos.
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