| Jesús el predicador |
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| Enviado el Martes, junio 29 @ 21:20:28 CDT por publicacioneselfaro |
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Por lo general, se ha dicho que Mateo 4:23 y 9:35 ofrecen, en el Evangelio Según San Mateo, un resumen del ministerio o actividad de Jesús (el énfasis es mío):
Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo (Mt. 9:35, RV60).
En efecto, cuando se leen los tres Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), son los tres elementos que más resaltan: Jesús enseña por sobre todas las demás actividades, predica y sana. Ya que nuestro tema es el de la predicación, este ensayo se enfocará en esa particular actividad. La intención no es concentrar el estudio en un análisis léxico o semántico de una o varias palabras («predicar», «proclamar», «anunciar», «publicar», «pregonar»), sino de descubrir o estudiar en qué consiste el ministerio de la predicación en la actividad pública de Jesús. De todas maneras, dedicaré el resto de la introducción para hablar de algunas palabras que tienen que ver con el tema.
Lo primero que salta a la vista es que la palabra griega kerússein que normalmente se traduce como “predicar” en nuestras Biblias (en este ensayo, las de Jerusalén y Reina-Valera, 1960) se usa, sobre todo, para «anunciar las buenas noticias del reino de Dios» a grupos de oyentes muy heterogéneos. Por lo general, a quienes ignoran esas «buenas noticias». El ambiente, por lo general, no es el de un templo o edificio, ni siquiera una casa, sino el campo abierto. Eso no significa que Jesús no “predicara” en los terrenos del templo o en las sinagogas. De hecho, Lucas 4:43-44 (BJ) expresamente lo señala: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado. E iba predicando por las sinagogas de Judea».
El desarrollo del contenido de la predicación se hará en la sección correspondiente. Aquí nos interesa tener claro en qué consiste la acción de predicar, cómo se entiende en los Evangelios Sinópticos y en qué difiere con lo que hoy entendemos o estamos acostumbrados a considerar qué es predicar en el contexto de las iglesias evangélicas.
Casi todos los textos paralelos de los Sinópticos en los que aparece el verbo predicar—el sustantivo «predicación» [kerygma] aparece muy poco, y está presente en textos que pertenecen a la fuente «Q» (una tradición de dichos y enseñanzas de Jesús a la cual tanto Mateo como Lucas tuvieron acceso). Ese es el caso del texto que habla de la «señal de Jonás» (Mt.12:38–42 y Lc.11:29–32) proceden de Marcos. Además de tener a Jesús como sujeto, en esos textos, también los discípulos y los seguidores de Jesús —que vinieron después de ellos— predican. Y el contenido, como se ha dicho, es «las buenas noticias del reino de Dios». Un cuarto sujeto es Juan el Bautista (Mc.1:4; Mt. 3:1–2; Lc.3:3). Este, antes de referirse al «reino de Dios», llama a su audiencia «a conversión».
En Lucas, no así en los otros dos sinópticos, junto con el verbo kerússein aparece el verbo euggelisasthai («anunciar las buenas nuevas»). Es probable que la razón de esta combinación se deba a la cita de Isaías 61:1, 2. En esa cita, Jesús vino «para anunciar a los pobres la Buena Nueva […] a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc:4.18, 19, BJ). Así, en Lucas 4:43, 44 y 8:1 Jesús «proclama y anuncia las buenas nuevas». Y ese anuncio era dirigido, como bien indican Lucas 4:18 y 7:22, a los pobres, a los oprimidos, a los cautivos.
El anuncio de esa tarea, se dio en la sinagoga (Lc.4:16). Allí, la predicación de Jesús fue realmente enseñanza: la presentación de cuál sería su tarea, la indicación de que él era el cumplimiento del proyecto profético de Dios y el desafío a su audiencia.
Y aquí es donde entra la relación indiscutible de «predicación» y «enseñanza». En este caso, Mateo es quien más énfasis da a esa relación (véase 4:23; 9:35 y 11:1). Pero vale la pena observar más de cerca esos tres textos. En ellos, junto con la predicación y enseñanza aparece también la “sanidad” de enfermos. En los tres textos, esos tres elementos son parte indisoluble de su ministerio. Mateo 11:1-6 (RV60) lo hace más explícito:
«Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos.
Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, a los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.»
Aunque Mateo no cita a Isaías 61:1, 2, como lo hace Lucas, sí notamos una clara coincidencia en la temática. No importa cómo se defina el ministerio (predicación, enseñanza o sanación), el objetivo es el mismo: La buena noticia de salud, libertad y vida para los pobres, los cautivos y los oprimidos.
Pues bien, además de hablar de predicación, se nos hace necesario hablar de enseñanza. ¿Por qué? Porque lo que se dice en los evangelios acerca de la actividad de enseñar en el ministerio de Jesús, es para la comprensión de hoy predicar. Si no, ¿por qué al amplio pasaje de Mateo 5 al 7, que empieza con «tomando la palabra les enseñaba diciendo» (5:2, BJ), lo conocemos como «El sermón del monte». Y las parábolas que tanto usó para hablar del mensaje del reino de Dios, no dicen los evangelios que las «predicó», sino que las «enseñaba» (Mc.4:2). Si bien enseñaba sobre todo en las sinagogas (Mc.1:21; 6:2; Mt.4:23; 9:35; 13:54; Lc.4:15; 6:6; 13:10), también se dice que enseñaba en el templo (Mc.12:35; 14.49; Mt.26:55; 19:47; 20:12; 21:37), junto al mar (Mc.4:1; Lc.5:3), y por las aldeas (Mc.6:6; Mt.11:1; Lc.13:22). De hecho, los enemigos de Jesús, ante Pilato, afirmaron: «Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí» (Lc.23:5, RV60).
Si nos atenemos al vocabulario, Jesús fue más maestro que predicador. Sin embargo, una lectura detenida de los Evangelios Sinópticos nos indicará que Jesús al enseñar predicaba y al predicar enseñaba. De otra manera no podríamos entender el ministerio de Jesús como «anunciador o proclamador de las buenas noticias del reino de Dios».
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