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Portada: Victoria sobre tentaciones
Revista El Faro - 2010 - Marzo-Abril
Enviado el Martes, junio 29 @ 22:05:35 CDT por publicacioneselfaro
 
Del libro ¿Bueno o malo? De T.B. Maston, CBP, 1957.


Había una tradición entre ciertos indios acerca de que si uno arrancaba el pericráneo a otro, el espíritu del muerto entraba en el guerrero que le había quitado el pericráneo. Esto daba al guerrero más fuerza y más valor, de manera que cada victoria le daba fuerza adicional para la siguiente batalla. Hay cierto sentido en que esto es verdad en la vida.

¿Acostumbra cantarse en su iglesia el antiguo himno Tentado, no cedas? (En inglés una parte de la primera estrofa dice “Cada victoria te ayudará a ganar alguna otra”). Cada victoria ganada no garantiza que habrá victoria la siguiente vez, pero ayuda a ganarla. La ley del hábito funciona de dos maneras: los buenos hábitos, lo mismo que los malos, son fortalecidos por cada repetición. De igual manera, las tentaciones y los hábitos malos son debilitados cada vez que uno gana la victoria sobre ellos. Puede haber otras cosas aún más serias para usted, porque penetran más profundamente en su vida y su personalidad. Antes de dejar esta sección que trata de los problemas, consideremos todo el asunto de las tentaciones y cómo podremos ganar la victoria sobre ellas.

Reconozca sus fuentes

Un paso necesario y tal vez el primero para vencer una tentación, es reconocer las fuentes probables de nuestras tentaciones. En determinado sentido, Dios prueba a los cristianos, o permite que sean probados, pero no tienta a nadie a hacer el mal. “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta a alguno” (Santiago 1:13). La influencia de Dios sobre el hombre es para bien y no para mal.
Hay tres fuentes principales de tentación, todas ellas entrelazadas en cierto sentido. Un conocimiento de ellas nos ayudará a esforzarnos más inteligentemente y con más éxito para adquirir la victoria en tiempos de tentación.
La primera de estas fuentes es el diablo. El fue quien se acercó a Eva en la forma de serpiente. El hizo que David pecara en contra de Dios al contar al pueblo (1 Crónicas 21:1). El Señor Jesús fue “llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del diablo” (Mateo 4:1). Pablo aconsejó a los efesios que se vistieran de toda la armadura de Dios para que pudieran “estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11). Pedro dice: “vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devore” (1 Pedro 5:8). Cuando menos en dos lugares en el Nuevo Testamento, Satanás es llamado “el tentador” (Mateo 4:3; 1 Tesalonicenses 3:5).
Así como el cristiano siente la fuerza sustentadora de un poder fuera de sí, también siente a veces que hay un poder fuera de sí que lucha contra sus intereses; ¿usted ha tenido ese sentir algunas vez? Sin duda Pablo tenía tales experiencias. El escribió: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires” (Efesios 6.12). El cristiano tiene que hacer guerra constante contra los poderes malignos, espirituales (no físicos).
La mayoría de las tentaciones tienen su origen inmediato en la invitación hablada, la actitud o el ejemplo de alguna persona. Esta es la segunda de las tres fuentes de tentación. Hay algunas personas que voluntariamente procuran que otros pequen. El escritor de los Proverbios aconseja: “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Proverbios 1:10). Estos engañadores se ocupan de hacer tan atractivos como pueden la tentación y el pecado a que conducen. Apelan a los jóvenes a venir y pasar “un buen tiempo”, pero les ocultan las fatales consecuencias del pecado.
Algunas de las tentaciones más difíciles vienen por conducto de los amigos o de los seres amados; no siempre se presentan por medio de una invitación hablada sino a veces por la fuerza del ejemplo. Puede ser la tentación de conformarse, por amor a la uniformidad y el buen tiempo. Ceder significa el sacrificio de ideales; tal sacrifico puede llevar a un relajamiento gradual de todas las normas morales.
La tercera fuente de la tentación la constituyen nuestros propios deseos malos y nuestras debilidades. ¿Ha hecho usted alguna vez algo malo e inmediatamente se ha dicho: “ese no fui yo, debe haber sido otra persona”? Hay algo dentro de nosotros que responde al llamamiento de lo bueno; también hay dentro de nosotros algo que responde al llamamiento de lo malo.
Cuando uno llega a ser cristiano, la péndola de su vida se mueve hacia lo bueno. Sin embargo, sigue habiendo dentro de sí algo que es atraído por lo malo. Jesús dijo a los apóstoles cansados y con sueño: “Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad está presto, mas la carne enferma” (Mateo 26:41). Santiago dice: “… cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado. Y la concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte” (Santiago 1:14, 15).
No podemos pasar a otros toda la responsabilidad por nuestros pecados y tentaciones, pues somos desviados por nuestros propios deseos malos. A veces entramos en pecado deliberada y premeditadamente. La tentación puede venir de fuera, pero hay algo de nosotros que responde a él, por lo que la responsabilidad final por nuestros pecados descansa justamente sobre nosotros. Tomamos nuestras propias decisiones. Nuestra voluntad es nuestra para decir sí o no.

Comprenda sus propósitos

El hecho de que Dios no envía las tentaciones directamente, no quiere decir que él no las utiliza para sus propósitos. Una comprensión de los propósitos para los cuales Dios puede usar las tentaciones nos ayudará, de cierta manera, en nuestro esfuerzo por vencerlas. No debemos olvidar que no pueden servir a los propósitos de Dios a menos que ganemos la victoria sobre ellas.
La verdadera felicidad y el gozo duradero vienen a los que vencen las tentaciones. “Las personas más alegres que conocemos son las que se niegan a ser ahogadas por la tristeza o vencidas por la dificultad, derrotadas por el pecado”. El diablo no puede tener ancianos felices; todos los ancianos felices han tenido el gozo de la victoria triunfal sobre los deseos más bajos de la vida.
Las tentaciones, cuando se vencen, contribuyen a desarrollar el carácter. El atleta desarrolla su cuerpo por medio del ejercicio y la superación de obstáculos físicos; el estudiante desarrolla su mente afrontando difíciles problemas intelectuales y resolviéndolos; el cristiano desarrolla su carácter vencido las tentaciones de la vida; no puede haber triunfo moral sin lucha moral.
Los cristianos deben ser la gente más valiente. No deben permitir que los problemas, las dificultades y las tentaciones de la vida los derroten, sino convertir sus problemas en escalones que conducen a niveles más altos de vida, porque el vencimiento de las tentaciones es una parte del proceso de maduración. ¿Estamos experimentando la victoria progresiva sobre las tentaciones que tratan de derrotarnos?
El jugador de fútbol que nos gusta es el que juega mejor cuando la oposición es más fuerte; rechina los dientes, endereza la espalda, y juega con más fuerza. Nos gusta también la misma clase de cristiano.
La prueba de nuestra vida no es si hemos logrado una victoria total sobre las tentaciones o no, sino la clase de lucha que estemos haciendo para vencer las que nos molestan. ¿Van nuestras vidas alejándose del pecado, más bien que acercándose a él? Esta es la verdadera prueba.
Las mismas tentaciones nos sirven como prueba. Uno de los principales fabricantes de neumáticos para automóviles tienen este lema: “Probadas en la pista para su seguridad en la carretera”. Hay pilotos peritos que prueban a los aviones en las maniobras más difíciles antes de que el avión se ponga en circulación para uso militar o comercial; de esta manera se revelan las imperfecciones y debilidades.
De una manera muy semejante, el carácter se revela por medio de las pruebas. No hay ninguna manera de tener seguridad acerca de una vida, ya sea la nuestra o la de otra persona, hasta que esa vida haya sido bien probada. Así como un roble fuerte y robusto no se desarrolla en un invernadero, tampoco se desarrolla un fuerte carácter cristiano dentro de un vacio espiritual. Es cristiano, si ha de creer, tiene que afrontar las pruebas y los retos de la vida y ganar la victoria.
Las tentaciones del cristiano pueden y deben servirle para otro buen propósito. Deben hacernos conscientes de nuestra necesidad de la dirección divina. Las experiencias que hemos tenido con las tentaciones prueban que fracasamos cuando tratamos de rechazar, a base de nuestra propia fuerza, los retos del diablo y de nuestra naturaleza corrupta. Sin embargo, lo glorioso es que cuando volvemos a nuestro Padre Celestial para pedirle ayuda necesaria, siempre la recibimos.

Condiciones para vencer

Si esperamos ganar una victoria progresiva sobre las tentaciones, tenemos que reunir ciertas condiciones.
Si deseamos la victoria, tenemos que evitar las tentaciones cuando prudentemente podemos hacerlo. Pueden presentarse ocasiones en que sería cobarde no afrontar una tentación honradamente, pero es temerario colocarnos innecesariamente en situaciones que nos tientan a hacer algo malo. Esto es un argumento en contra de algunos de los problemas que hemos tratado: el participar en ellas frecuentemente conduce a otras tentaciones. El cristiano, especialmente el joven cristiano, debe escuchar el consejo del hombre sabio: “No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos” (Proverbios 4:14).
Debemos recordar que el Señor Jesús enseñó a sus discípulos a orar: “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”.
Aunque podemos procurar hacer todo lo posible por evitar las tentaciones, no obstante, encontraremos muchas de ellas. Si hemos de ganar la victoria, tenemos que creer que esa victoria es posible.
Las victorias en el campo deportivo y en el campo de la lucha militar, así como en las luchas de la vida, son ganadas por aquellos que creen que pueden ganar. La mayoría de las batallas, antes de la lucha, ya son decididas dentro de las mentes y los corazones de los combatientes. Los cristianos pueden y deben tener las victorias sobre las tentaciones. No debemos llevar vidas derrotadas.
En las contiendas con el diablo, el Señor Jesús salió victorioso siempre. Lucas, para terminar su relato de la tentación de Jesús, dijo: “Y acabada toda tentación, el diablo se fue de él por un tiempo” (Lucas 4.13). El Señor Jesús experimentó muchas tentaciones que no están escritas; fue “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15). Note lo que él agrega: “Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro”. “Tentado en todo”, es nuestra seguridad de un Salvador que comprende; “pero sin pecado” es nuestra seguridad de la victoria. Tenemos a nuestra disposición la fuerza del maestro.
Pablo, al escribir a los cristianos de una de las ciudades más pecaminosas de su tiempo, dijo: “No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar” (1 Corintios 10:13). Otra cosa que nos ayudará a obtener la victoria es recordar a nuestros padres, nuestro pastor, nuestro maestro, nuestro amigo o nuestro novio que tienen confianza en nosotros y dependen de nosotros.

Debo ser fiel, porque los que en mí confían,
El alma pura siempre guardaré;
Fuerza tendré para sufrir las pruebas,
Y con valor el mal vencer podré.

¿Cómo podemos nosotros como cristianos, cuando recordamos todo lo que él ha hecho por nosotros, ser infieles a un amigo como él?

Jesús es todo el mundo para mí,
Y fiel a él seré;
Oh, ¿cómo puedo negar a este amigo
Cuando él es tan fiel?

Otra condición para ganar la victoria es mantenerse ocupados en hacer el bien. Pablo dice: “No seas vencido de los malo; mas vence con el bien el mal” (Romanos 12:21). Puede ser que Pablo hable acerca de nuestra relación con el mal que está fuera de nosotros, pero el consejo es igualmente apto cuando se trata de los deseos y propósitos malos de nuestro ser interior. La mente y el corazón, las manos y los pies que se mantienen ocupados en pensar el bien y hacer el bien, no tendrán tiempo para hacer el mal. Este “bien” debe incluir actividad en el reino del Señor y también compañerismo con él. Si estamos ocupados en nuestra escuela dominical, en nuestras organizaciones juveniles, y en sanas actividades de la escuela y comunidad, se reducirán mucho las oportunidades en que puedan presentarse tentaciones serias. Esto será más verdad si tomamos algo de tiempo cada día para el compañerismo con nuestro Padre Celestial por medio del estudio bíblico, la oración y la meditación.
Todavía otra condición para ganar la victoria, que ya hemos mencionado, es que debemos luchar contra las tentaciones cuando se presentan. La vida cristiana es un juego muy reñido, una guerra constante. No se puede esperar la victoria sin lucha; el cristiano debe resistir “al diablo” (Santiago 4:7); luchar o esforzarse (termino atlético) contra el pecado (Hebreos 12:4); ponerse “toda la armadura de Dios” (Efesios 6:13).
Las normas del bien y del mal deben establecerse inteligentemente, y los ideales de la conducta personal escogerse con cuidado. Estas normas e ideales deben defenderse a toda costa. La lucha puede ser difícil, pero la victoria vale la pena. Dios promete la victoria sólo al corazón valiente y luchador. Podemos estar seguros de que Dios hará su parte; ¿haremos nosotros la nuestra? ¿Seremos débiles, e iremos con la corriente de cualquier grupo con que nos encontremos, o vamosa tener la fuerza y el valor para oponernos al grupo cuando se equivoca? Nuestra respuesta a esa pregunta es muy importante.
Volvemos a hacer énfasis sobre el hecho de que los que se dejan ir con la corriente nunca se levantan; nunca afrontan otra corriente en dirección opuesta. Lo que es llevado por la corriente se pierde en la misma; los que se oponen se destacan del grupo y de convierten en dirigentes de hombres a favor de Dios y la justicia.

Nos elevamos por las cosas que están bajo nuestros pies,
Por los que hemos dominado de bueno o de provecho,
Por el orgullo depuesto y la pasión destruida,
Y los males que a cada hora encontramos y Vencemos.

Podemos llenar todas las condiciones mencionadas para vencer la tentación y todavía fracasar porque no dejamos que el Señor luche junto con nosotros. Sólo su poder es más fuerte que el pecado. “cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia” (Romanos 5:20). Pablo rogó al Señor tres veces que le quitara la espina que tenía en su carne, que probablemente era algún impedimento físico, pero que puede haber sido alguna tentación o pecado. La respuesta del Señor fue: “Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona” (2 Corintios 12:9). Pedro muchas veces tentado y probado, habló con experiencia cuando dijo: “Sabe el Señor librar de tentación a los píos, y reservar a los injustos para ser atormentados en el día del juicio” (2 Pedro 2:9).
Tendremos la victoria cuando lo deseemos lo suficiente como para inclinarnos delante del Señor, pedir su ayuda y tener suficiente fe para creer que él puede ayudarnos y que nos ayudará. Entonces podemos decir con Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:12).

No podemos pasar a otros toda la responsabilidad por nuestros pecados y tentaciones, pues somos desviados por nuestros propios deseos malos.

Así como un roble fuerte y robusto no se desarrolla en un invernadero, tampoco se desarrolla un fuerte carácter cristiano dentro de un vacio espiritual.


 

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